Por Patric Laneuville Châlons*. Email: plch@tiemposfuturos.es (ASUNTO: CONTACTO PATRIC) Comencemos por una joya de increíble belleza lírica: LA joya de la corona del género para casi todos, expertos y legos. Orfebrería cinematográfica de incalculables quilates. Poema escrito en el celuloide que nos desnuda la condición humana. Deslumbrante hazaña visual gótica y barroca al mismo tiempo. Obra que redefine mitos y factoría de nuevos modelos iconográficos; la lata de Warhol o la silueta de James Dean quedan atrás. Alta ciencia-ficción que no es que se anticipe al futuro sino que contribuye activamente a esculpirlo, a modelarlo. Horizonte inalcanzable para una galaxia de imitadores posteriores. Punto de inflexión en nuestras vidas.
El azar genera monstruos. Casi siempre. Darwin descubrió que en genética el 99,9999 % de las mutaciones aleatorias son perjudiciales y acaban con el ser vivo que las padece. Pero a veces, con una probabilidad remota, la diosa Fortuna sonríe y todas las monedas lanzadas al aire caen de canto y además conforman una figura maravillosa y, por su génesis, irrepetible. No quiere decir esto que las monedas no fueran de grandísimo valor y el lanzador de primera magnitud. Una serie de factores insólitos confluyeron en 1982, como una conjunción astral de varios planetas, que solo se da una vez en la vida, a saber: el concienzudo director británico Ridley Scott, el genio de "Alien" (que plasmaba en carboncillo, con sorprendente maestría, todas las escenas antes de rodarlas), Vangelis, el músico griego quizá el mejor de aquel momento, Douglas Trumbull el mejor maquetista del mundo responsable de que nos creyéramos la Space Opera de Star Wars, Harrison Ford, el actor más emblemático del último cuarto del siglo XX. La suma de todos ellos en mil películas hubieran originado un sinfín de cintas mediocres, algunas aceptables, una o dos buenas, y quizá alguna muy buena, nada más. Pero las monedas cayeron todas de canto y todos azarosamente hicieron, según muchos creemos, el mejor trabajo de sus vidas. El elenco lo completan una Sean Young extraordinaria, un Rutger Hauer soberbio, una fotografía fabulosa a cargo de Jordan Cronenweth, un guión increíblemente hilvanado por David Webb Peoples y Hampton Fancher La película ha generado ríos de tinta, un sinfín de debates, con sesudos análisis desde todos los ángulos, no sólo cinematográficos, sino filosóficos, mitológicos, sociales, etcétera. El gran Garci, con gran valentía, incluyó la obra en la lista de títulos imprescindibles a diseccionar y que engrandecieron el séptimo arte hasta... "más allá de Orión". No es nuestra intención entrar en este artículo en tales disquisiciones, sobre todo porque el género literario que pretendemos mutaría diametralmente pareciéndose el resultado a "Los Episodios Nacionales" del concienzudo Galdós. Quizá, eso sí, alguna aproximación a vuelapluma orillando el análisis: No sabemos si con una capacidad anticipatorio paranormal el filósofo alemán Arthur Schopenhauer escribió sobre la muerte pensando en Blade Runner; es más lógico pensar que los guionistas le leyeron y, como guiño cinematográfico-o al traicionarles el subconsciente-pusieron en la boca del replicante Roy Batty, antes de morir: "He visto brillar rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhauser-Schopenhauer" o pongamos otro vocablo germánico para disimular. Desde el punto de vista clásico los replicantes representan la perfección física y mental que buscaban los antiguos griegos, como neo-Teseos, con fuerza e inteligencia como maravillosa combinación de cualidades. Mary Shelley y su "Frankenstein" está presente, indefectiblemente, en la cinta": "Yo diseñé tus ojos. Preguntas: "Morfología Longevidad Fecha de Nacimiento". William Blake también quiso participar de la fiesta: "Y los ángeles ígneos cayeron. Profundos truenos se oían en las costas ardiendo con los fuegos de Orc", con su poesía profética, original y romántica, como la película. Establecer paralelismos entre las sociedades decadentes que dibujaba Kafka y la de la película se nos antoja kafkiano, sobre todo hacerlo en un solo artículo.
Blade Runner es mucho más que una película, es una de las metáforas sobre la muerte, sobre la insoportable levedad de los seres humanos, más ajustadas de la historia del arte. Y además es mágica: Sorprendentemente no caduca ante los embates del tiempo, como las obras maestras deslumbrantes. Basada en la mediocre "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Del gran Philip K. Dick probablemente sirvió para acuñar la máxima que de grandes libros se hacen malas películas y de libros pésimos estupendos films. La película, encuadrada en el género de ciencia-ficción, pero que sin duda tiene tanto de cine negro como las que generaban los libros de Dashiell Hammett, te envuelve desde la primera escena con su atmósfera opresiva de la que es imposible escapar. El espectador, no es que se acerque desde su butaca a una urbe superpoblada del 2019, sino que se convierte en un habitante más de Los Ángeles, en ese futuro lluvioso, en el que puede encontrarse de bruces con cualquier Replicante al doblar una esquina. "Cruce Ahora, Cruce Ahora". Y cruzamos, claro. En la city fritzlangiana en la que nunca amanece, que se ha convertido en una torre de Babel, a pesar de la interlingua, todos tienen los papeles invertidos: Los humanos caminan como autómatas solitarios y los replicantes buscan respuestas que les suscitan su lado más humano.
Y sí, en Blade Runner también tiene cabida una historia de amor, ¿hombre?-replicante. Si Stendhal levantara la cabeza Ella le salva la vida; Leon Kowalski quiere sacar a Deckard de este mundo por la puerta de atrás pero Rachael lo impide con una bala calibre XXL. En el apartamento de él ella se acerca, con el rimel corrido que le confiere aspecto siniestro aunque delicado a la vez: ¿Rachel matará también a Deckard por haberla descubierto con el test Voight Kampf? No. Salta la chispa, nace la llama, el yin y el yang se unen. Perseguidor y perseguida. Cada uno es lo que necesita el otro y llena de esperanza ese espacio que antes ocupaba esa soledad ya asumida. Cada uno le da al otro un motivo para vivir tras una existencia de mera superviviencia. Gaff sentencia lapidario: "Lástima que ella no pueda vivir. Pero ¿quién vive?" Pero el amor obra el milagro, incluso aunque haya cristalizado entre un ¿ser humano? y otro sintético ¿o quizás precisamente por eso? ¿Está ya muerta? No. Ocho palabras sellan la unión...¿simbiótica o entre iguales?:
En
fin, para concluir y como empezamos: Blade Runner, para muchos,
punto de inflexión en nuestras vidas. Cada vez que visionamos
el film nos quedamos sumergidos en un profundo silencio, pensando
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