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Alguno puede pensar: Pero si yo no me desplazo a ningún lugar, ¿no transcurre el tiempo para mí? Error: Estamos condenados a viajar por toda la eternidad, aunque no queramos, por muy eremitas que seamos, en el espacio y en el tiempo. Todo se mueve. Las galaxias de forma centrífuga, cuyo epicentro fue el big-bang. Los sistemas solares dentro de ellas, alrededor de su centro, cual torbellino colosal. Los planetas alrededor de los soles y sobre sí mismos. Nos movemos. Inevitablemente. Nuestro sistema de coordenadas temporales es uniforme puesto que todo los que conocemos se desplaza con nosotros y los (micro)viajes que emprendemos dentro de nuestro microcosmos (la Tierra o aledaños) se realizan a velocidades irrisorias respecto la de la luz. No obstante los desfases temporales existen aunque sean casi inapreciables. Los relojes de los aviones se retrasan nanosegundos respecto de los que se hallan en Tierra. El cosmonauta ruso Serguéi Krikaliov, tras permanecer 747 días en el espacio experimentó la regresión temporal einsteniana: Para él habían transcurrido 1/50 segundos menos que para el resto de los mortales, es decir, que "viajó" al futuro a 1/50 segundos respecto del resto de la humanidad. Por lo tanto, viajar al futuro, como pretendemos, es posible. Harina de otro costal es realizar viajes hacia al pasado, cuestión que el viejo científico etiquetaba con esa palabra proscrita para muchos idealistas: imposible. Una endeble prueba de ello es que (aparentemente) no estamos rodeados de "Humanos del Futuro" que nos estudien como curiosos entomólogos a simpáticos artrópodos. Algunos teóricos esgrimen que si se podrá alguna vez pero solo hasta el momento en que se construyera "una máquina" hacia el mañana. Umm ¿se violaría entonces las leyes de la causalidad? En ciencia, muchas veces, las certezas tienen fecha de caducidad, por lo tanto, el equipo de Tiempos Futuros disponemos de un billete al mañana sin tener resuelto nuestro regreso: No tenemos billete de retorno de momento. No nos importa demasiado: Nos hace tanta ilusión el viaje que seremos "mártires voluntarios" de tan extraordinaria hazaña. Ah, para evitar paradojas mantendremos nuestra identidad-nuestro "cuando", en el futuro, en secreto.
Nuestra máquina del tiempo no se parece a la entrañable que usó Rod Taylor, en "El tiempo en sus manos". En aquella película una enorme rueda giratoria presidía el ingenio y quizá justificaba las teorías del matemático Kurt Gödel, y dicha estructura rotatoria pretendían (inocentemente) crear un bucle temporal por el que penetrara la nave. No. No es ético agotar la energía de todos los soles de la galaxia para conseguirlo. Nuestra máquina del tiempo es simplemente una nave espacial. Introduciendo valores en la ecuación arriba expuesta, para que transcurran 50 años en la Tierra, deberemos viajar a una velocidad media del 98,4% de c, de la velocidad de la luz, es decir, viajaremos a una media de 298.000 kilómetros por segundo, durante poco más de seis años. En el ecuador de nuestra singladura nos acercaremos a la estrella más cercana a la Tierra, Proxima Centauri (a 4,3 años-luz), pero nuestra trayectoria elíptica nos hará despedirnos de ella mucho antes de alcanzarla en nuestro afelio, o punto de máximo alejamiento de la órbita que tracemos respecto de nuestro Sol. Al regresar a "casa" de nuevo, intentaremos aterrizar clandestina y sigilosamente, si es ello posible, en ese Futuro que todavía no existe. "Perderemos" un poco más de un lustro en el viaje pero, a cambio, un futuro de casi medio siglo respecto de nuestro tiempo, se erguirá ante nosotros. Además, aprenderemos a jugar al ajedrez a un elevadísimo nivel. AVISO LEGAL VOLVER ARRIBA VOLVER AL EDITORIAL ¡¡ ESCRÍBENOS UN COMENTARIO !! |
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